Regalaba rosas

Y me sumergí en ese sueño profundo, hasta perder la conciencia.

Todo lo que tenía ya no era parte de mi vida, unas cuantas maletas y una cobija, era todo lo que ahora me pertenecía.

Cuando me preguntaban a donde vivía, yo les respondía… en todas partes, en cada rincón a donde la noche cayera.

Y a cada niño que me daba una moneda, yo le contaba una historia a medias, así comía todos los días, ellos siempre sonreían.

A cada vereda yo le conocía, más que un árbol a sus ramas, de una manera perfecta.

De casa en casa tocaba puertas, con la esperanza de que alguna se abriera.

De parque en parque, con las palabras tristes sobre la boca.

De iglesia en iglesia, con la fe de no perder las fuerzas.

De camino en camino, esperando que alguien… al fin se compadeciera.

Con la misma ropa, con zapatos sin suela… sin agujetas, pero pidiendo a Dios, que me cuidara a donde yo fuera.

En ese sueño… yo era, hasta que un reloj me trajo de vuelta, el tic tac terminó con esa pesadilla.

Pero no se me olvida, porque muchas cosas me enseña… tenemos tanto, que algunas veces nada se valora, obtenemos mucho; que en ese momento, solo se desperdicia.

En ese sueño… yo era, una persona más durmiendo sobre las banquetas, con la suavidad de hojas decoloradas y secas.

En ese sueño… yo era, una persona sencilla, aquel que regalaba rosas; sin razón alguna, sin que nadie me lo pidiera.

Un ser que descansaba… con la luz de las luciérnagas, con la paz de las estrellas.

Author/ Angel C. García

Photography/ anonymous

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