Autoestima 


No supe que decir simplemente escuchaba, no me dio tiempo de nada, sólo agaché la mirada sin pronunciar una palabra.

Sus ojos parecían que me odiaban, serré la boca y no  permití que nuestros mundos chocaran… que mis labios le insultaran.

Dijo muchas frases, pero no quiero volver a recordarlas… porque dañan.

Aprendí a guardar lo que hubiese querido que le ayudara, porque no me dio la oportunidad…  ni siquiera de que comenzara.

Aprendí que a las personas nadie las cambia, no hasta que por sí mismas lo hagan.

Aprendí que al fuego, con más leña jamás se le apaga, que lo correcto… es con más agua.

Simplemente terminó de expresar lo que deseaba, pero no dejé que la situación… de mis emociones se adueñara.

Supe hasta entonces, que no es fácil conversar con alguien que tiene la autoestima baja… que dos seres no se mezclan y se conectan, de la noche a la mañana.

Que no siempre recibes lo que regalas, que la paciencia y la comprensión, deben ganar esa clase de batallas… en especial cuando las malas palabras, contra ti se abalanzan.

Que cada ser humano tiene una historia, una herida que debe ser sanada, una esencia; una forma pensar, que no son sencillas de cambiarlas… que al final, lo mejor es callar y observarlas.

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