Una semilla… una flor

En mis recuerdos, aquella vez que sobre sus manos me ponía… su mirada era diferente, tierna pero con un tono de melancolía.
Con una voz a punto de quebrantarse, me dijo que yo bien estaría… y que en algunas semanas me vería.
Le pedí que no permitiría una mentira, pero no habló mucho… solo dijo que en un futuro lo entendería.
Sin detenerse caminamos, lo vi muy decidido, me hablo de confianza y de la fe con la que el me veía; me motivó con palabras, de lo tanto que crecería y de las grandes aventuras que en mi viaje vendrían.
Sentí algo distinto porque sus pasos se detuvieron… y porque con sus ojos mirando al cielo, de su mano caí al vacío sin poder detenerlo; segundos bastaron para besar el hueco que estaba en el suelo.
Me dio el adiós y sin pensarlo dos veces, empuño tierra para taparme y a la obscuridad entregarme… sin remordimientos.
Sentí frío y miedo cuando habló de lo pronto que volveríamos a vernos… se marchó, pero poco a poco aprendí a estar ahí sin escuchar su consejo.
Viví y me resigne, esperando lo que hubiese en mi destino, pero una mañana me desperté y ya no era el mismo… me brotaban raíces, todo aún sin entenderlo y después de romper ese caparazón que me tenia preso, mi tallo más y más fue creciendo.
Sin explicación algo me estaba ocurriendo, lo recuerdo… y en un día mas de esos; dios abrió el camino para darme la luz y poder admirar su obra, desde lo grande hasta lo más pequeño.
Fue cuando a mi dueño saludé y encontré de nuevo, supe lo maravilloso que es el mundo y el milagro que puede aparecer en cualquier momento.
El no me abandono ahí para estar sufriendo, lo hizo para dejarme crecer y seguir aprendiendo.
Hoy lo he visto, su amor por mi es inmenso… porque evitó que yo me convirtiera en alimento, porque me dio la oportunidad de dar fruto.
Aunque ahora no está mucho conmigo… en mi pensamiento y mi alma, esta viviendo.
Aunque aún sigue siendo un humilde campesino, no descansa, sigue sembrando; porque piensa que para eso dios… lo ha hecho.
Aunque ya lo veo cansado el sigue, dios no lo deja en el olvido, lo se porque a su corazón; una corona de diamantes… le ha puesto.

Author Angel C. García, photography by internet.

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